Dave Alvin - Public Domain: Songs from the Wild Land (2000)

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 Junto a su hermano Phil, Dave Alvin fue el alma máter de the Blasters, una banda convertida en referente entre aquellas que se dedicaron e principios de los ochenta a revitalizar las raíces del R’n’R, entendiendo éstas como la etapa en la que las barreras entre el Blues, el Country y el Folk caían y generaban híbridos como el Rockabilly.

Phil asumía la poderosa y reconocible voz de la banda mientras Dave se ocupaba de la guitarra y de componer las canciones. Papeles, especialmente éste último, en los que se ha ganado un merecido respeto. Cuando dejó the Blasters en 1986 inició su propio camino y su áspera y castigada voz ha ido ganando matices desde entonces, hasta convertirse en un magnífico vehículo para las canciones que nos presenta en Public Domain.

Dave se olvida de su papel de compositor y como el título apunta nos presenta una colección de canciones que tienen en común que son del dominio público. Canciones populares que en algún caso pueden ser rastreadas hasta más de 150 años atrás. Revelándonos sus propias influencias, y las raíces de la música que hoy escuchamos, Alvin nos acerca a canciones que han perdurado en los repertorios de Folk y Old Time, junto a otras mucho más oscuras, pero tan auténticas y fascinantes que son una auténtica delicia. Canciones de marineros, de trabajadores del ferrocarril, de asesinatos… en un entorno instrumental predominantemente acústico, adecuado para ponerlas en su contexto. Canciones de las que el propio Dave Alvin dice que son como espíritus y describe en un texto que acompaña al CD:

Viven en el silencio de las montañas y los desiertos, en el espeso lodo de los ríos, en las interminables millas de terreno que se extienden entre los hogares y los centros comerciales, en la oscuridad más allá de las brillantes luces de las autopistas, las gasolineras y los rascacielos de oficinas, en edificios abandonados, fábricas cerradas, granjas desiertas, perdidos campos de batalla, praderas deshabitadas, en bares de Blues, Honky Tonks, terminales ferroviarias, establos, patios de atrás, coros de iglesia y en dormitorios. Como los viejos pinos y las gigantescas sequoias, nuestras canciones folk perduran más allá (y a pesar de) los caprichos del gusto popular actual y la gratificación instantánea de la cultura de usar y tirar.

Nuestras canciones folk viven en el lado agreste de nuestro corazón. No son reliquias de un pasado sentimental e idealizado. Nuestras canciones folk hablan de amor, celos, ira, deseo, venganza, desesperación, supervivencia y esperanza en el futuro. Son duras, tristes, pendencieras, tiernas y alegres imágenes de quiénes éramos, de dónde venimos, en qué nos hemos convertido y quiénes todavía somos. Mucho de lo que es bueno y malo de nosotros mismos está en estas canciones.

Son de dominio público. No pertenecen a nadie. Nos pertenecen a todos.

Hermosas palabras para describir un hermoso disco que fue merecedor del Grammy al ‘Best Contemporary Folk Album’. 

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