Críticas de discos

Discos country comentados

Reseñas y comentarios de álbumes country para seguir lanzamientos, recuperar grabaciones clave y descubrir artistas desde sus discos.

“Mr D.J., won’t you please play A Real Country Song” canta Dale Watson en uno de los cortes del que fuera su segundo álbum (Sr. DJ ¿podría por favor pinchar una canción de verdadera música Country?). Y es que para Watson hay una batalla subyacente por el alma de la música Country. Afortunadamente hace uso en el enfrentamiento de la más poderosa, y sin embargo menos violenta, de las municiones posibles: auténtica música Country.

Blesssed or Damned suena como una noche en el “Honkiest Tonkiest Beer Joint” de una ciudad texana, por citar otra de las canciones. La música nos llega con swing, shuffles y anima al two step, y Watson canta con una autoridad amistosa contenida en su cálida voz recordando a un joven Merle Haggard. Encontramos canciones de camioneros, bares de carretera, sombreros de cowboy, corazones rotos, engaño y, por supuesto, redención. También está repleta de fiddle y steel guitar (espectaculares tanto Lloyd Maines como Scott Walls que se turnan en las canciones), junto con Watson y el que era su guitarrista por aquella época Dave Biller compartiendo el liderazgo instrumental en lo que se convirtió en una de sus señas distintivas al inicio de su carrera. Todo está dicho. Un ejemplo de primera magnitud de los eternos encantos del country tradicional, 'à la' Bakersfield, algo que Nashville lleva demasiado tiempo demostrando que ha abandonado.

Pero la verdadera belleza de Blessed or Damned radica en comprobar cómo Dale Watson explora el espectro de los estilos de Country que fueron populares en los cincuenta y los sesenta sin parecer anticuado, de hecho convirtiendo un sonido tan enraizado en algo fresco. Su mundo es aquél en el que el countrypolitan, los urban cowboys y el line dancing nunca existieron, aunque su reloj nunca dejara de girar a partir del momento en el que la industria decidió minimizar la importancia del legado del que era depositaria sacrificado en aras del brillo del vil metal.

Así canciones como las ya citadas o “Truckin’ Man”, “Sweet Jesse Brown” y “Fly Away” se convierten en clásicos instantáneos. “It’s Over Again” puede ser un eco del “Together Again” de Buck Owens, quizá incluso demasiado parecido, aunque desde luego del todo consciente… pero quién puede criticar a alguien que desarrolla semejante labor de recuperación de la tradición Country. Desde luego yo, no… especialmente tras escuchar a Watson y Johnny Bush compartir los versos de “That’s What I Like About Texas” (coescrita con Chris Wall).

La opinión final no puede dejar de ser amarga. Si un disco de la categoría de Blessed or Damned no fue capaz de convertir a Dale Watson en la estrella que merecía ser, entonces es que quizá el tiempo pasado fuera mejor, pero sin duda ha pasado y, salvo para los locos a los que les pueda interesar indagar en qué significa realmente la palabra Country, va a ser difícil tenerlo de vuelta.

 

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