Críticas de discos

Discos country comentados

Reseñas y comentarios de álbumes country para seguir lanzamientos, recuperar grabaciones clave y descubrir artistas desde sus discos.

Wayne Hancock lo vuelve a hacer. Una vez más se erige en el redentor de la música Country en unos tiempos que, más que nunca, necesitan de luminarias como él que no nos dejen olvidar lo que una vez fue el Country, evitando que quedemos definitivamente deslumbrados por los bonitos pero vacuos envoltorios en los que hoy se nos ofrece la música. Una forma de cantar y una voz en la que se lee el alma de un Hancock que en cada línea no sólo pone el corazón, pone su sangre y sus tripas y pone cada minúscula parte de su cuerpo, porque es en todo su cuerpo y en su alma donde siente la música que interpreta.

Con el enorme Lloyd Maines nuevamente encargado de las labores de producción, grabado en apenas día y medio de trabajo de estudio y en riguroso directo en el mismo, escoltado exclusivamente por su banda habitual, que también le acompaña en los escenarios, y que a estas alturas se limitaba a Izzy Zaidman (guitarra solista), Huck Johnson (contrabajo) y Tony Locke (steel guitar). A Wayne Hancock no le hace falta más para ofrecernos una música absolutamente honesta. Por si fuera poco sólo encontramos una versión entre los trece cortes del álbum, la balada Jazzy “Midnight Stars and You” de Ray Noble, la docena restante se debe a su propia pluma. Hancock compartirá con nosotros el dolor de las relaciones acabadas y la ilusión por las nuevas, se convertirá en un alma errante que sube a trenes y conduce coches intentando dejar atrás la soledad y, especialmente, nos invita a disfrutar todo lo que podamos frente los tiempos duros que nos acosan. Incluso una canción de asesinato en la línea de las que se solían hacer en los años treinta “Your Love and His Blood”. ¿Cortes a destacar? La respuesta es fácil: todos y cada uno de los que completan el álbum.

Hank Williams y el resto de primigenias leyendas de nuestro estilo favorito pueden descansar tranquilos. Aunque no sea el objetivo de Wayne Hancock su legado se mantiene vivo, renovado y fresco merced a su portentoso talento, reviviendo un tiempo en el que el Country se coloreaba con naturalidad con pinceladas de Jazz y Swing sobre un fondo de Blues. Atentos a esta 'Víbora de Melodía' su mordedura no es mortal, pero su veneno provoca una adicción a su canto a la que resulta imposible sobreponerse.

 

Nota: he traducido Viper literalmente por víbora para hacer el juego de palabras del último párrafo. En realidad la intención de Hancock tiene más que ver con el argot de la edad dorada del Jazz, cuando esa palabra significaba porro (o cigarrillo de marihuana, vamos).

 

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