Críticas de discos

Discos country comentados

Reseñas y comentarios de álbumes country para seguir lanzamientos, recuperar grabaciones clave y descubrir artistas desde sus discos.

El debut discográfico de un jovencísimo Keith Urban, de sólo 24 años, hay que buscarlo en Australia en 1991 con este disco. Posteriormente reeditado de nuevo en Australia por EMI en 1997 (añadiendo tres temas adicionales a los doce originales) e internacionalmente en 2005, aprovechando el estatus de estrella internacional alcanzado por Urban merced a sus discos americanos.

Urban deja entrever lo que serían sus señas distintivas que favorecerían su salto a la fama. Así nos encontramos con canciones que, con pocas excepciones, llevan su firma y nos hablan de profundos enamoramientos, con profusión de estribillos y frases “gancho” que acaban repetidas hasta el infinito. Con una maestría a la guitarra que, antes de arrancar su carrera americana en solitario, le reportaría un nombre en Nashville al colaborar con artistas de la talla de Garth Brooks o las Dixie Chicks, y que pone de manifiesto como mejor muestra en el instrumental “Clutterbilly” en una versión bastante diferente de la que en 1997 volvería a grabar, ya en Nashville, como miembro del trío The Ranch. Y una producción que, aunque mantenga ocasionales apuntes de Country, acaba siendo más cercana al soft-rock y al pop que a los sonidos más característicos del estilo.

La promesa de una gran estrella está aquí y la evolución de Urban hasta conseguirlo, por comparación, es más que evidente. En su disco australiano las letras no son particularmente remarcables, la producción es débil y ha quedado absolutamente desfasada... y la voz de Urban peca de convencionalismo y adolece de una evidente carencia de profundidad interpretativa. El resultado es un disco que queda reservado para fans acérrimos de Keith Urban con curiosidad por conocer sus orígenes.

Por último no he sido capaz de averiguar cuál es el origen de los tres temas adicionales que se incluyen en la reedición de 1997, quizá descartes, quizá singles, quizá procedentes de otro álbum… pero, dejando aparte el romántico medio tiempo de ascendencia popera “What Love Is That Way”, “The River” con su aire a là Eagles, y especialmente el alegre y saltarín “I Never Work on a Sunday” casi los citaría como los más destacables del disco.

 

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