El cuarto disco del nieto de Hank Williams, e hijo de Hank Williams Jr, sigue mantiendo la llama de la tradición familiar encendida, recogiendo esa tradición y transformándola merced a su propia forma de hacer las cosas. De nuevo se acerca a alguno de los temas que han caracterizado su carrera hasta el momento, envueltos en sonidos muy tradicionales pero con unas letras que se alejan claramente de la tradición (tal y como ya hizo en su anterior disco Raising Hell) y no digamos de las que suelen aparecer en las listas de éxitos del género. Ya la estética destaca entre cualquier otro disco de Country, con un grafismo y una presentación de carátulas y libreto que apunta más al de películas como Seven o Saw (en cualquiera de sus partes) que a un disco de Country.
Así nos encontramos críticas a la situación actual del negocio musical "The Grand Ole Opry (Ain't So Grand)", las borracheras "Me & My Friends", anécdotas de gente al margen de la ley "Stoned and Alone". También haciendo honor a sus dos mayores influencias musicales en melodías clásicas, como “Candidate for Suicide”, es la letra la que nos lleva hacia su lado oscuro y depresivo, junto a momentos que apuntan claramente a su alter ego como intérprete de trash-metal, como cuando se deja ir en "Long Hauls and Close Calls", donde, entre otras cosas se autoproclama amigo de Satanás.
Aviso a navegantes. Existen dos versiones de este disco. La primera, y la que hay que conseguir, muestra el adhesivo Parental advisory: Explicit Content en la portada. La segunda esconde las palabras malsonantes bajo un beep que puede llegar a ocupar gran parte de la canción, dado el vocabulario que utiliza Hank III. Como en los nada menos que 10 minutos que se alarga la curiosa “P.F.F.” (siglas de Punch, Fight, Fuck), que tiene la particularidad de arrancar a un ritmo desenfrenado, entre trucker y Bluegrass, para después repetirse como balada, de ahí su duración.
Además de en letras mucho más explícitas Hank III, tanto que Curb, su discográfica con la que arrastra un largo historial de desavenencias rehusó poner su sello en el disco, parece haber encontrado el ambiente adecuado para ampliar el espectro de su música. Como en la tenebrosa, y muy en la línea de algunas de las canciones que solía cantar su abuelo, “3 Shades of Black”, que termina con unos efectos más propios de un disco de Marylin Manson (por decir algo) que del discurrir de la propia canción. Cuanto menos de extraña se puede calificar a "H8 Line", en la que la voz distorsionada de Hank III canta sobre un ritmo trotón.
Para compensar a los más puristas tenemos canciones de fondo tan tradicional como la balada Honky Tonk “I Wish I Knew”, la orgullosa "If You Can't Help Your Own", la desenfrenada "Six Pack of Beer" o la animada “Wild & Free” que cuenta como ilustre invitado con Marty Stuart a la mandolina y guitarra eléctrica.
Ciertamente el disco de alguien dotado de un talento apabullante, arropado por su propia banda no menos talentosa. Un artista en el que confluyen dos estilos tan aparentemente alejados como el Country y el Metal más trasgresor y consigue que palabras como Hellbilly o Cow-Punk cobren sentido. Capaz de ofrecernos canciones que, de tan Country, ponen la piel de gallina, a las que, ocasionalmente, deja caer unas gotas de actitud rockera y de visiones de autodestrucción, que le hacen llegar a un público adicional que colocó el álbum en el número dos de las listas de ventas camperas.